
TE
OFRECEMOS ESTIMADO AMIGO UN DOCUMENTO IMPRESCINDIBLE PARA ENTENDER EL ENTRAMADO
DE CORRUPCIÓN DE QUIENES OPTAN POR LA POLÍTICA COMO AMBICIÓN Y NO COMO SERVICIO,
ES DECIR, TODO
AQUEL QUE DESEA DISFRUTAR DE LA DULCE MIEL DEL PODER A FAVOR DE SUS PROPIOS
INTERESES.
MUCHOS EMPRESARIOS, VENDEDORES, PROMOTORES, ARTISTAS, RELIGIOSOS, LAS AGENCIAS DE PUBLICIDAD, ETC., UTILIZAN ESTAS REGLAS PARA ESTAFAR, ENGAÑAR Y DOMINAR LAS EMOCIONES PERSONALES ELEGANTEMENTE, ATRAPARTE EN SUS REDES DE LA MENTIRA Y EL ENGAÑO.
Hay que hacer que los que están por encima de uno se sientan lo
suficientemente superiores. Aunque uno tenga deseos de complacerles o
impresionarles, no hay que pasarse al demostrar las habilidades propias porque
provocan el efecto contrario -inspirar miedo e inseguridad-. Si conseguimos que
nuestros jefes parezcan más brillantes de lo que son, llegaremos a las cimas del
poder.
NO CONFIAR DEMASIADO EN LOS AMIGOS Y SABER UTILIZAR A LOS ENEMIGOS
No hay que fiarse nunca de los amigos -le traicionan a uno con mayor rapidez, porque sienten envidia con facilidad-. También se convierten en unos mimados tiránicos. Pero si se contrata a un antiguo enemigo será más leal que un amigo, porque tiene más que demostrar. De hecho, hay mucho más que temer de los amigos que de los enemigos. Si no se tienen enemigos, hay que encontrar la forma de granjeárselos.
No
debemos revelar nunca el objetivo detrás de nuestras acciones para mantener a la
gente desconcertada y desinformada. Si no tienen ni idea de cuáles son nuestras
intenciones, no pueden preparar una defensa. Hay que llevarles lo bastante lejos
por el camino equivocado, envolverlos en humo, y para cuando se den cuenta de lo
que nos proponemos será demasiado tarde.
Si
se intenta impresionar a la gente con palabras, cuanto más se dice, más
ordinario se parece y menos se controla la situación. Incluso si se está
diciendo algo banal, parecerá original si se expresa de una forma vaga, abierta
y con aspecto de esfinge. La gente poderosa impresiona e intimida diciendo poco.
Cuanto más se dice, más posibilidades hay de soltar una
tontería.
LEY
No. 5
DEFENDER LA REPUTACIÓN
CON LA VIDA (MUCHAS COSAS DEPENDEN DE ELLA)
La reputación es la piedra angular del poder. Sólo a través de la reputación se puede intimidar y ganar; una vez que se pierde, sin embargo, uno se vuelve vulnerable y blanco de ataques por todos los lados. La reputación debe ser algo inexpugnable. Siempre hay que estar alerta ante la posibilidad de un ataque, para defenderse antes de que ocurra. Mientras, hay que saber destruir al enemigo minando su propia reputación. Luego hay que tomar distancia y dejar que la opinión pública les lleve a la horca.
Todo se juzga por la apariencia; lo que no se ve no tiene valor. Por
lo tanto, no es bueno perderse entre la muchedumbre ni quedar en el olvido. Hay
que destacar. Llamar la atención a toda costa. Hay que convertirse en un imán
que atrae la atención porque parece más grande, más colorido, más misterioso que
las masas tímidas y blandas.
CONSEGUIR QUE OTROS
HAGAN EL TRABAJO Y LLEVARSE EL MÉRITO
Hay que utilizar la sabiduría, el conocimiento y el trabajo de los
demás en beneficio propio. Este apoyo no sólo ahorra tiempo y energía, sino que
produce un aura divina de eficacia y rapidez. Al final los ayudantes quedarán en
el olvido y nosotros seremos recordados. Nunca debemos hacer nada que puedan
hacer los demás por nosotros.
HACER QUE LOS DEMÁS VENGAN A UNO (PONIENDO UN CEBO SI ES
NECESARIO)
Si
obligamos a los demás a actuar, se tiene el control. Siempre es mejor hacer que
nuestro oponente venga hacia nosotros y que abandone sus propios planes en el
camino. Hay que atraerle con ricas ganancias, y luego atacar. Nosotros tenemos
las cartas.
GANAR A
TRAVÉS DE LA ACCIÓN, NUNCA DE LA DISCUSIÓN.
Cualquier triunfo momentáneo obtenido por una discusión no es más que
una victoria pírrica: el resentimiento y la animadversión que se crean son más
fuertes y duraderas que cualquier cambio momentáneo de parecer. Tiene mucho más
poder hacer que los demás cambien de opinión a través de las acciones, sin decir
una palabra. Hay que demostrar, no explicar, de la misma manera. Si se engaña o
se manipula a determinadas personas, pasarán el resto de su vida buscando
venganza. Son lobos vestidos con la piel de oveja. Por lo tanto, es necesario
elegir bien las víctimas y los oponentes: nunca se debe ofender o engañar a la
persona equivocada.
EVITE A LOS PERDEDORES Y LOS DESDICHADOS.
La desdicha de los demás puede conducirlo a la muerte: los estados de ánimo son tan contagiosos y tóxicos como una enfermedad infecciosa. A menudo, los perdedores son los artífices de su propia desgracia y terminan por transmitirla a quien quiere ayudarlos. Evítelos y, en cambio, frecuente a individuos ganadores y felices.
HAGA QUE LA GENTE DEPENDA DE USTED.
Para mantener su independencia, es indispensable que los demás lo
necesiten. Cuando más confíen y dependan de usted, tanta más libertad tendrá.
Haga que la gente dependa de usted para lograr su felicidad y prosperidad, y no
tendrá nada que temer.
“Haga que la gente dependa de usted. Ganará más con tal dependencia
que con la cortesía. Quien ha saciado su sed de inmediato le vuelve la espalda a
la fuente, pues ya no la necesita. Cuando la dependencia desaparece, también
desaparece toda educación y después el respeto. La primera lección que la
experiencia debería enseñarnos es la de mantener la esperanza viva pero nunca
satisfecha, de modo que hasta un amo soberano nos necesite siempre. (Baltasar
Gracián, 1601-1658)
Una advertencia: no piense que, por depender de usted, su jefe lo
querrá. Por el contrario, lo más probable es que lo odie y le tema. Pero, como
dijo Maquiavelo, es mejor ser temido que amado. El temor es algo que se puede
controlar, mientras que el amor es incontrolable. Depender de una emoción tan
sutil y cambiante como el amor o la amistad sólo le generará inseguridad. Más
vale que la gente dependa de usted por temor a las consecuencias de perderlo,
que por el placer de su compañía.
UTILICE LA FRANQUEZA Y LA GENEROSIDAD EN FORMA SELECTIVA.
Un
gesto sincero y honesto compensará docenas de actitudes dictadas por la
hipocresía y la falsedad. El gesto de franca y honesta generosidad hace bajar la
guardia aun al individuo más desconfiado.
CUANDO PIDA AYUDA, NO APELE A LA COMPASIÓN O A LA GRATITUD DE LA GENTE, SINO A SU PROPIO INTERÉS.
Si
necesita recurrir a la ayuda de un aliado, no se moleste en recordarle el apoyo
que usted le dio en el pasado, o sus buenas acciones. Lo pasado se ignora o se
olvida. Si, en cambio, al formular su pedido de colaboración usted muestra
elementos que beneficiarán a la otra persona y hace gran hincapié en ellos,
responderá con entusiasmo a su solicitud, al detectar el beneficio que podrá
obtener.
PRACTIQUE EL ESPIONAJE.
Es
de fundamental importancia saberlo todo sobre su rival. Utilice espías para
reunir información valiosa que le permita mantener siempre una ventaja sobre él.
Y mejor aún: haga usted mismo de espía. Aprenda a sondear con cuidado a la gente
en corteses encuentros sociales. Formule preguntas indirectas para lograr que el
otro revele sus intenciones y sus debilidades. Toda ocasión es buena para
ejercer el arte del espionaje.
”La razón de que un soberano brillante y un sabio general conquisten
al enemigo adondequiera que vayan, y de que sus logros sobrepasen a los del
hombre común, es su conocimiento previo de la situación del enemigo. Ese
"conocimiento previo" no pude obtenerse de los espíritus ni de los dioses, ni
por analogía con hechos del pasado ni mediante cálculos astrológicos. Siempre
debe obtenerse de hombres que conocen la situación del enemigo: de los espías.”
(Sun-tzu, El arte de la guerra, siglo IV a. C.)
En
el ámbito del poder, su objetivo es ejercer un cierto grado de control sobre los
hechos futuros. La información es fundamental para ejercer el poder, pero, así
como usted espía a los demás, debe saber que los demás lo espiarán a usted. Una
de las armas más poderosas en la lucha por la información es, por lo tanto, la
de suministrar información falsa. "La verdad es algo tan precioso que siempre
debería estar custodiada por un séquito de mentiras".
ELIMINE POR COMPLETO A SU ENEMIGO.
Empezando por Moisés, todos los grandes líderes de la historia sabían que era necesario aplastar por completo al enemigo al que temían. Si se deja encendida una sola brasa, por muy débil que sea, siempre se corre el riesgo de que vuelva a desencadenarse un incendio. Se ha perdido más por una aniquilación a medias que por una exterminación total: el enemigo se recuperará y buscará venganza. Destrúyalo por completo.
“Debe notarse, pues, que a los hombres hay que halagarlos, o de lo
contrario aniquilarlos; se vengarán por pequeñas injurias pero no podrán hacerlo
por las grandes; la herida que inflijamos a un hombre debe ser, pues, tan grande
que no tengamos necesidad de temer su venganza.” (Nicolás Maquiavelo,
1469-1527)
El
enemigo debe ser exterminado, aplastado y privado de toda oportunidad de volver
y perseguirnos. Esto vale tanto más cuando se trata de un amigo que se ha
convertido en enemigo.
La
norma de "aplastar al enemigo" es tan vieja como la Biblia. Puede que el primero
en ponerla en práctica haya sido Moisés, quien la aprendió de Dios, cuando Él
separó las aguas del mar Rojo para que los judíos pudiesen pasar y luego volvió
a cerrarlas sobre los egipcios que los perseguían, de modo que "no escapó uno
solo". Cuando Moisés bajó del monte Sinaí con los Diez Mandamientos y vio que su
pueblo adoraba al Becerro de Oro, hizo degollar hasta al último de los
transgresores. Y, ya en su lecho de muerte, dijo a sus seguidores, que por fin
iban a entrar en la Tierra Prometida, que cuando hubieran derrotado a las tribus
de Canán debían "destruirlas por completo... no hacer trato con ellos ni
tenerles clemencia".
UTILICE LA AUSENCIA PARA INCREMENTAR EL PODER.
Demasiada oferta reduce el precio: cuanto más lo vean y oigan, tanto menos necesario lo considerarán los demás. Si ya ha afirmado su posición dentro de un grupo determinado, un alejamiento temporal hará que hablen más de usted, e incluso que lo admiren. Deberá aprender cuándo alejarse. Recuerde que la escasez de un recurso incrementa su valor.
Todo en el mundo depende de la ausencia y de la presencia. Una
presencia fuerte llamará la atención sobre usted, dado que brillará más que
quienes lo rodean. Pero, inevitablemente, se llega a un punto en que el exceso
de presencia produce el efecto contrario: cuanto más usted sea visto y más se
hable de usted, tanto más se irá degradando su valor. Usted se convierte en
costumbre. Por más que procure ser diferente, sutilmente y sin saber por qué, la
gente empezará a respetarlo cada vez menos. Tiene que aprender a retirarse en el
momento adecuado, antes de que los demás lo aparten.
Esta ley sólo es aplicable cuando se ha alcanzado un cierto nivel de
poder. La necesidad de retirarse sólo aparece después de que usted haya
establecido su presencia. Si usted se va demasiado pronto, es decir, antes de
haber obtenido la cuota necesaria de poder y respeto, simplemente será
olvidado.
Nunca se debe salir de escena en tiempos de conmociones y
turbulencias, pues la ausencia puede simbolizar y provocar una pérdida de poder.
Tentar a los enemigos para que se alejen de la corte en el momento crítico es
una estrategia grandiosa.
"El amor nunca se muere de hambre, pero sí de indigestión". Ninón de
Lenclos.
MANEJE EL ARTE DE LO IMPREDECIBLE.
El ser humano es hijo del hábito y tiene una necesidad insaciable de sentirse familiarizado con las actitudes de quienes lo rodean. Si usted se muestra predecible, confiere a los demás la sensación de tener cierto control sobre usted. Invierta los papeles: muéstrese deliberadamente impredecible. Las actitudes que en apariencia carecen de coherencia o propósito desconcertarán a los demás, que se agotarán tratando de explicarse sus movimientos y acciones.
Una advertencia: A veces la impredecibilidad puede volverse contra
usted, sobre todo si se encuentra en una posición de subordinado. En ciertas
ocasiones es mejor dejar que la gente que lo rodea se sienta cómoda y segura,
antes que movilizarla y desconcertarla. Demasiada impredecibilidad puede
considerarse una señal de indecisión o –algo mucho más grave– un problema
psíquico. Los esquemas son un arma poderosa y pueden aterrar a la gente si se
los rompe. Ese tipo de poder deberá utilizarse con mucha
prudencia.
NO
SE AÍSLE
El mundo es un sitio peligroso y los enemigos acechan por doquier; todos necesitan protegerse. Una fortaleza se presenta como la alternativa más segura. Pero el aislamiento lo expone más de lo que lo protege de los peligros que lo rodean, ya que lo aísla de información valiosa y lo destaca como un blanco fácil para los demás. Es mucho más seguro circular, mezclarse entre la gente y buscar aliados. La multitud lo protege de sus enemigos.
Retírese a su fortaleza y perderá el contacto con las fuentes de su
poder. Ya no se enterará de lo que sucede a su alrededor y perderá el sentido de
toda proporción. En lugar de estar más seguro, se apartará del conocimiento del
cual depende su propia vida. Nunca se aleje tanto de las calles como para no
escuchar lo que sucede a su alrededor o advertir las conspiraciones en su
contra.
Esta ley se aplica a quienes se mueven en los más altos niveles del
poder: en el momento en que pierda contacto con su gente y busque la seguridad
en el aislamiento, se gestará rebelión. Nunca se crea tan elevado como para
poder darse el lujo de aislarse, ni siquiera de los niveles más bajos. Al
retirarse a una fortaleza, se convierte en blanco fácil para sus súbditos
conspiradores, que ven su aislamiento como un insulto y un motivo de
rebelión.
Un
príncipe bueno y sabio, deseoso de conservar ese carácter y ansioso por evitar
dar a sus hijos la oportunidad de convertirse en opresores, nunca habrá de
construir una fortaleza. Así sus hijos depositarán su confianza en la buena
voluntad de los súbditos, y no en la fortaleza de una ciudadela. (Nicolás
Maquiavelo, 1469-1527)
Como recurso temporal, el aislamiento pude ayudar a obtener cierta
perspectiva. Muchos pensadores serios han comenzado su obra en prisión, donde no
hay nada que hacer, salvo pensar.
ELIJA A SUS ENEMIGOS.
En el mundo hay muchas clases de personas diferentes, y usted no puede suponer que todos reaccionarán de la misma manera frente a su conducta. Hay ciertas personas que, si se sienten manipuladas o engañadas por usted, pasarán el resto de su vida procurando vengarse. Serán, desde el momento de la ofensa, lobos con piel de cordero. Elija con cuidado a sus contrincantes y nunca convierta en enemigo a la persona equivocada.
La
habilidad de evaluar a la gente y saber con quién se está tratando es una de las
artes más importantes en el proceso de alcanzar y conservar el poder. Nunca
suponga que la persona con la que está tratando es más débil o menos importante
que usted. Nunca confíe en las apariencias. Alguien que hoy parece una persona
carente de importancia y medios mañana puede llegar a poseer gran poder e
influencia.
Un
insulto es algo muy difícil de olvidar. No se gana nada con insultar a alguien
sin necesidad. Tráguese su impulso de ofender, aunque la otra persona parezca
débil e inofensiva. La satisfacción que la ofensa le dará es muy poca comparada
con el riesgo de que algún día el otro se halle en una posición desde la cual
podría hacerle mucho daño.
Convénzase de que no hay persona tan insignificante que no pueda
tener, en un momento u otro, el poder de resultarle de utilidad; lo cual por
cierto no hará si usted le ha mostrado su desprecio. Los errores suelen
perdonarse, pero el desprecio nunca. Nuestro orgullo lo recuerda para siempre.
(Lord Chesterfield, 1694-1773)
LEY No. 20
NO
COMPROMETERSE CON NADIE.
Es
idiota el que se apresura a tomar partido. No se debe estar a favor de otra
causa que no sea la propia. Si se mantiene la independencia, se llegará a mandar
sobre los demás -poniendo a unos en contra de los otros-, haciéndoles ir tras
ese poder.
HACERSE EL INGENUO PARA
COGER A UN INGENUO, PARECER MÁS TONTO QUE LA VÍCTIMA.
A
nadie le gusta sentirse más tonto que el de al lado. El truco, por lo tanto, es
hacer que las víctimas se sientan inteligentes -y no sólo eso, sino más
inteligentes que nosotros-. Una vez que estén convencidas de ésto, no
sospecharán que tenemos motivos ocultos.
UTILIZAR LA TÁCTICA DE LA RENDICIÓN:
CONVERTIR LA DEBILIDAD
EN PODER.
Cuando se está en la posición más débil, nunca se debe luchar por el
honor; hay que capitular. La rendición da tiempo para recuperarse, tiempo para
atormentar e irritar al vencedor, tiempo para esperar a que su poder decaiga. No
hay que darle la satisfacción de luchar y vencer: Es mejor rendirse primero.
Ofrecer la otra mejilla enfurece y desestabiliza al enemigo. Hay que convertir
la rendición en un instrumento de poder.
Hay que conservar la fuerza y la energía a base de concentrarlas en su punto más fuerte. Se gana más encontrando una mina rica y escavando más profundo, que pasando de una mina vacía a otra: la intensidad siempre vence a la extensión. Cuando buscamos fuentes de poder para elevarnos, tenemos que encontrar un patrón, la vaca gorda que nos dará leche durante mucho tiempo.
El cortesano perfecto prospera en un mundo en el que todo gira alrededor del poder y la destreza política. Domina el arte de la indirecta, adula, cede ante sus superiores y ejerce su poder sobre otros de la forma más oblicua y educada. Si aprendemos y aplicamos las leyes del cortesano, no habrá límite para nuestra escalada en la corte.
No hay que aceptar los papeles que la sociedad impone. Hay que forjar una nueva identidad, que exija la atención y que nunca aburra a la audiencia. Hay que ser dueño de la propia imagen en lugar de dejar que otros la definan para uno. Incorporar recursos dramáticos en los gestos y las acciones públicas realza el propio poder y hace que su carácter tenga una extraordinaria amplitud.
Hay que parecer un ejemplo de civismo y eficiencia: las manos nunca
deben verse contaminadas por equivocaciones o malas acciones. Hay que mantener
una apariencia inmaculada y utilizar a otros como chivos expiatorios y cabezas
de turco para ocultar la propia implicación.
APROVECHARSE DE LA
NECESIDAD QUE TIENE LA GENTE DE CREER EN ALGO PARA CONSEGUIR
ADEPTOS.
La
gente tiene un abrumador deseo de creer en algo. Hay que convertirse en el punto
de referencia de semejante deseo ofreciendo una causa, una nueva fe. Hay que
mantener las palabras vagas pero llenas de promesas; enfatizar el entusiasmo
sobre la racionalidad y el pensamiento claro; proporcionar a los nuevos
discípulos rituales que tengan que realizar; pedirles que hagan sacrificios en
favor de uno. En ausencia de una religión organizada y de grandes causas, el
nuevo sistema de creencias proporcionará un poder
indecible.
Si
no tenemos claro que camino seguir para llevar a cabo una acción, es mejor no
intentarlo. Las dudas y la vacilación la estropearán. La timidez es peligrosa:
es mejor entrar con audacia. Cualquier equivocación que se cometa por audacia
puede resolverse fácilmente con más audacia. Todos admiran al audaz; nadie honra
al tímido.
La conclusión lo es todo. Hay que planear todo el camino que conduce hasta ella, teniendo en cuenta todas las posibles consecuencias, obstáculos y quiebras de la fortuna que pueden revertir el trabajo duro y proporcionar la gloria a otros. Si se planea teniendo en cuenta el final uno no se verá abrumado por las circunstancias y sabrá cuando parar. Hay que guiar la fortuna con suavidad y ayudar a determinar el futuro pensando con antelación.
HACER QUE LOS LOGROS
PROPIOS PAREZCAN REALIZADOS SIN ESFUERZO
Las acciones propias deben parecer naturales y llevadas a cabo con
facilidad. Todo el esfuerzo y la práctica que conllevan, así como los trucos,
deben quedar ocultos. Cuando se actúa, hay que hacerlo sin esfuerzo, como si se
hubiera podido hacer mucho más. Hay que evitar la tentación de revelar el
esfuerzo que se realiza al trabajar; eso solamente plantea preguntas. No hay que
enseñar los propios trucos o serán utilizados en contra nuestra.
CONTROLAR
LAS OPCIONES: CONSEGUIR QUE LOS DEMÁS JUEGUEN CON NUESTRAS
CARTAS
Los mejores engaños son aquellos que parecen proporcionar a la otra persona una oportunidad: las víctimas sienten que controlan la situación; pero, de hecho, son marionetas. Tenemos que ofrecer a los demás opciones que actúen a nuestro favor sin importar lo que elijan. Hay que forzarlos a tomar decisiones entre el menor de dos males, sirviendo cualquiera de ellas para nuestros propósitos. Hay que ponerlos entre la espada y la pared: se la van a clavar vayan donde vayan.
JUGAR CON
LAS FANTASÍAS DE LA GENTE.
La
verdad se evita a menudo porque resulta fea y desagradable. Nunca hay que apelar
a la verdad y a la realidad a menos que uno se esté preparando para enfrentarse
con la cólera que arranca del desencanto. La vida es tan dura y desconsoladora
que aquellos que son capaces de crear romanticismo o provocar la fantasía son
como un oasis en el desierto: todo el mundo acude a ellos. Da mucho poder
aprovecharse de las fantasías de las masas.
Todos tenemos una debilidad, un punto débil en el muro del castillo. Esa debilidad suele ser una inseguridad, una emoción o una necesidad incontrolable; o puede ser también un pequeño placer secreto. De cualquier forma, una vez que se encuentra, es un punto débil que se puede explotar en beneficio propio.
SER REGIO EN EL
COMPORTAMIENTO: ACTUAR COMO UN REY PARA SER TRATADO COMO
TAL
La
manera en que uno se comporta determina el tratamiento que recibe: a largo plazo
tener una apariencia vulgar o corriente hará que la gente pierda el respeto por
esa persona. Porque un rey se respeta a sí mismo e inspira este sentimiento en
otros. Al actuar de manera regia y confiada, uno parece destinado a ceñir una
corona.
No
hay que dar nunca la impresión de actuar apresuradamente -denota una falta de
control sobre uno mismo y sobre el tiempo-. Siempre hay que dar la sensación de
que se es paciente, como si se supiera que todo se conseguirá con el tiempo. Hay
que convertirse en un detective del momento justo; descubrir el espíritu de los
tiempos, las tendencias que nos conducirán al poder. Hay que aprender a
mantenerse al margen cuando la hora todavía no ha llegado y golpear con fiereza
cuando es el momento.
DESDEÑAR LAS COSAS QUE
NO SE PUEDEN TENER:
IGNORARLAS ES LA MEJOR VENGANZA
Al reconocer un problema insignificante se le otorga existencia y credibilidad. Cuanta más atención se presta a un enemigo, más se le fortalece; y una pequeña equivocación a menudo se empeora y se hace más visible cuando se intenta arreglar. A veces es mejor dejar las cosas como están. Si hay algo que se desea pero no se puede tener, hay que despreciarlo. Cuanto menos interés se manifieste, más superior se parecerá.
Las imágenes sorprendentes y los grandes gestos simbólicos crean el aura del poder -todos responden ante ellos-. Por eso hay que representar espectáculos llenos de visiones llamativas y símbolos radiantes, que aumenten nuestra presencia, para aquellos que están alrededor de nosotros. Abrumados por las apariencias nadie se percatará de lo que estamos haciendo realmente.
Si
hacemos un espectáculo por ir en contra de los tiempos, y nos pavoneamos de
nuestras ideas poco convencionales y nuestras costumbres poco ortodoxas, los
demás pensarán que queremos llamar la atención y que les estamos despreciando.
Encontrarán una manera de castigarnos por hacerles que se sientan inferiores.
Resulta mucho más seguro fundirse con la corriente general y nutrirse de ella.
Sólo debemos compartir la originalidad con amigos tolerantes y con aquellos con
los que estamos seguros de que apreciarán nuestro carácter
único.
La
cólera y la emoción son estratégicamente contraproducentes. Hay que mantenerse
siempre calmado y objetivo. Pero si se puede lograr que el enemigo se enfurezca
mientras se permanece calmado, se obtiene una indudable ventaja. Hay que
desconcertar al enemigo: si se encuentra el talón de Aquiles de su vanidad con
el que confundirle, se tendrán las riendas de la
situación.
Lo
que se ofrece gratis es peligroso -normalmente implica o un truco o una
obligación oculta-. Merece la pena pagar aquello que realmente tiene valor.
Pagando lo que corresponde se libra uno de la gratitud, la culpa y el fraude. A
menudo también resulta inteligente pagar el precio sin rebajas: no existen los
atajos maravillosos. Hay que ser pródigo con el dinero y mantenerlo en
circulación, porque la generosidad es un signo del poder y un imán para
atraerlo.
Lo
que ocurre en primer lugar siempre parece mejor y más original que lo que viene
después: si se sucede a un gran hombre o se tiene un padre famoso habrá que
realizar el doble de hazañas para llegar a eclipsarle. No hay que perderse en su
sombra o estancarse en un pasado que no haya construido uno mismo: hay que
consolidar el propio nombre e identidad cambiando de trayectoria. Matar
simbólicamente al padre despótico, menospreciar s u legado y obtener su poder
brillando con luz propia.
A
menudo se puede seguir la pista de un problema hasta llegar a un sólo individuo
fuerte -el agitador, el subordinado arrogante, eel envenenador de la buena
voluntad-. Si se permite que tales personas tengan espacio para actuar, otras
sucumbirán a su influencia. No hay que esperar a que los problemas que causan se
multipliquen, o intentar negociar con ellos: son irredimibles. Es necesario
neutralizar su influencia por medio del aislamiento o del alejamiento. Al atacar
la fuente del problema, las ovejas se dispersarán.
La
coacción provoca reacciones que acaban volviéndose contra nosotros. Debemos
seducir a los demás para que deseen seguirnos. Una persona seducida se
transforma en un peón leal. Y la manera de seducir a alguien es influir en su
psicología y en sus debilidades. Tenemos que suavizar a nuestro contrario a base
de manejar sus emociones, de jugar con lo que consideran más valioso y con lo
que temen. Si ignoramos el alma y la mente de los demás acabarán
odiándonos.
DESARMAR Y ENFURECER A
LOS DEMÁS REFLEJANDO SUS ACTITUDES.
El
espejo refleja la realidad, pero también es la herramienta perfecta para el
engaño: cuando reflejamos el comportamiento del enemigo, actuando igual que él,
no logra entender nuestra estrategia. El reflejo les ridiculiza y les humilla,
haciendo que reaccionen de forma excesiva. Si les ponemos un espejo delante de
la mente, les seducimos con la ilusión de que compartimos sus valores; si lo
ponemos ante sus acciones, les damos una lección. Pocos pueden resistirse al
poder del reflejo.
PREDICAR
LA NECESIDAD DE CAMBIO, PERO NUNCA REFORMAR DEMASIADO DE UNA
SOLA VEZ
Todo el mundo comprende la necesidad de cambio en abstracto, pero en
el ámbito cotidiano las personas son criaturas de costumbre. Una excesiva
innovación les resulta traumática, y conducirá a la revuelta. Si se es nuevo en
una posición de poder, o un forastero que intenta construir una base de poder,
debe mostrar respeto hacia la antigua manera de hacer las cosas. Si el cambio es
necesario, debe hacerse sentir como una suave mejora del
pasado.
Parecer mejor que los demás siempre resulta peligroso, pero lo más
expuesto de todo es aparentar no tener ningún defecto o debilidad. La envidia
provoca enemigos silenciosos. Es inteligente mostrar los defectos en alguna
ocasión y reconocer vicios inofensivos, para desviar la envidia y parecer más
humano y asequible. Sólo los dioses y los muertos pueden parecer perfectos con
total impunidad.
NO SOBREPASAR LA META QUE UNO SE HA
MARCADO;
EN LA VICTORIA, SABER CUANDO PARAR
El momento de la victoria es a menudo el momento de mayor peligro. En el ardor de la victoria la arrogancia y el exceso de confianza pueden empujarle a uno más allá de la meta que se había marcada; y al ir demasiado lejos se crean más enemigos que los que se derrotan. No hay que permitir que el éxito se le suba a uno a la cabeza. No existen sustitutos para la estrategia y la planificación cuidadosa. Debemos marcarnos una meta, y cuando la alcancemos, detenernos.
Si adoptamos una forma, cuando tenemos un plan visible, nos exponemos a que nos ataquen. En lugar de adoptar una forma que el enemigo pueda agarrar, tenemos que mantener la capacidad de adaptación y estar en movimiento. Tenemos que aceptar que nada es seguro y no hay leyes fijas. La mejor manera de protegernos es ser tan fluido e informe como el agua; no apostar nunca por la estabilidad o el orden duradero. Todo cambia.